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PSICOLOGÍA

 



¿Qué es la psicología?

“La mayoría de los psicólogos estudian los problemas mentales y emocionales y trabajan como psicoterapeutas.” ¿Es esta afirmación verdadera o falsa?

Responder la pregunta “¿Qué es la psicología?”, no es tan simple como podría pensarse. La mayoría de los psicólogos contemporáneos estarían de acuerdo en que la psicología es la ciencia de la conducta y los procesos mentales. Pero esta definición general no refleja la amplitud, profundidad o lo apasionante del campo. Los psicólogos pre- tenden explicar cómo percibimos, aprendemos, recordamos, resolvemos problemas, nos comunicamos, sentimos y nos relacionamos con otras personas, desde el naci- miento hasta la muerte, en relaciones íntimas y en grupos. Intentan entender, medir y explicar la naturaleza de la inteligencia, la motivación y la personalidad, así como las diferencias individuales y de grupo. Los psicólogos pueden concentrarse en las pertur- baciones mentales y emocionales, los problemas personales y sociales, la psicoterapia, o en mejorar la moral y las relaciones del grupo.

Al final del siglo XX, la psicología se expandió considerablemente. Surgieron nue- vas tecnologías de investigación, nuevos campos de indagación y nuevos enfoques del estudio de la conducta y los procesos mentales. Esos avances dieron lugar a una mayor especialización dentro de la psicología, a una creciente colaboración con otras ciencias y al equivalente académico de una crisis de identidad. Como resultado, la psicología se redefine de manera continua (Evans, 1999). Quizá la mejor manera de introducirse al mundo de la psicología sea observar los temas que interesan a los psicólogos.

Los campos de la psicología

La psicología contemporánea es menos un campo unificado único que “un paraguas para una confederación amplia de subdisciplinas” (Evans, 1999). La American Psychological Association (APA) está integrada por 53 divisiones que representan los principales campos de indagación psicológica, de investigación especializada e intereses profesionales. Cada uno de los subcampos principales descritos aquí tiene su propio enfoque, así como sus propios modelos de conducta y procesos mentales.

Psicología del desarrollo Los psicólogos del desarrollo estudian el crecimiento humano mental y físico desde el periodo prenatal hasta la niñez, adolescencia, adultez y vejez. Se interesan tanto en los patrones universales de desarrollo como en las varia- ciones culturales e individuales. Los psicólogos infantiles se concentran en los bebés y los niños. Se interesan en temas como si los bebés nacen con personalidades y temperamen- tos distintos, la forma en que los bebés se apegan a sus padres y cuidadores, la manera en que los niños adquieren el lenguaje y desarrollan la moral, la forma y el momento en que emergen diferencias sexuales en la conducta, y la manera de evaluar los cambios en el significado e importancia de la amistad durante la niñez. Los psicólogos de la adolescencia se especializan en los años que comprenden esta etapa, incluyendo la forma en

Advierta que no definimos a la psicología como la ciencia de la conducta y los procesos mentales humanos. Algunos psicólogos estudian la conducta de otras especies. Y algunos utilizan animales como sustitutos de los seres humanos en los experimentos, un tema que abordaremos cuando consideremos la ética de la psicología.

que la pubertad, los cambios en las relaciones con los pares y los padres, y la búsqueda de identidad hacen que éste sea un periodo difícil para algunos jóvenes. Los psicólogos del ciclo vital se enfocan en los años adultos y las diferentes maneras en que los individuos se ajustan a las relaciones y la paternidad, la madurez, la jubilación y, eventualmente, la inminencia de la muerte.

Neurociencia y psicología fisiológica Los psicofisiólogos y los neurocientíficos investigan las bases biológicas de la conducta, los pensamientos y las emociones humanas. En particular, estudian los efectos de substancias naturales que actúan como mensajeros químicos, principalmente hormonas, y de mensajeros químicos sintéticos, que inclu- yen los medicamentos psicoactivos (como los antidepresivos) y las “drogas sociales” (como el alcohol, la marihuana o la cocaína). ¿Por qué late más rápido el corazón cuando nos sentimos amenazados o por qué sudan nuestras palmas cuando estamos nerviosos? También estudian cómo se desarrollan, funcionan y, en ocasiones, fallan el cerebro y el sistema nervioso. ¿Deja de crecer el cerebro en determinado momento o continúa cambiando durante parte o la totalidad del ciclo de vida? ¿Hay algunas áreas del cerebro más activas cuando la gente resuelve problemas matemáticos? ¿Hay otras que se activan más cuando la gente juega o escucha música? Los genetistas conductuales investigan el impacto de la herencia en los rasgos y conductas normales y anormales. ¿En qué grado es hereditaria la inteligencia? ¿Qué hay acerca de la timidez? ¿Hay familias que tienen tendencia a padecer enfermedades como el alcoholismo y la depresión? ¿En qué medida están enraizadas en la biología las diferencias en la forma en que los hombres y las mujeres piensan, actúan y responden a las situaciones?

Psicología experimental Los psicólogos experimentales realizan investigación sobre procesos psicológicos básicos incluyendo el aprendizaje, la memoria, la sensación, la percepción, la cognición, la motivación y la emoción. Se interesan en responder preguntas como: ¿De qué manera recuerda la gente y qué la hace olvidar? ¿Cómo tomamos decisiones y resolvemos problemas? ¿Los hombres y las mujeres se aproximan a los problemas complejos de maneras diferentes? ¿Por qué algunas personas están más motivadas que otras? ¿Son universales las emociones? Es decir, ¿la gente de culturas diferentes experimenta las mismas emociones en situaciones similares? O por el con- trario, ¿culturas diferentes enfatizan algunas emociones y desechan o pasan por alto otras?

Los avances recientes en las técnicas de imagenología permiten a los psicofisiólogos investigar la participación de regiones específicas del cerebro en conductas y procesos mentales complejos.

Psicología de la personalidad Los psicólogos de la personalidad estudian las diferencias entre los individuos en rasgos como la ansiedad, la sociabilidad, la autoestima, la necesidad de logro y la agresividad. Los psicólogos en este campo intentan determinar qué ocasiona que algunas personas sean malhumoradas y nerviosas, mientras que otras son alegres y de trato fácil, y por qué algunas personas son tranquilas y cautelosas, en tanto que otras son inquietas e impulsivas. También estudian si existen diferen- cias consistentes entre los hombres y las mujeres, o entre los miembros de diferentes grupos raciales y culturales, en características como la sociabilidad, la ansiedad y la es- crupulosidad. Los temas actuales para los psicólogos de la personalidad incluyen: ¿La personalidad es innata y estable o es aprendida y sujeta a cambio? ¿Las diferentes culturas tienden a producir distintos “tipos de personalidad”, es decir, grupos de rasgos que por lo regular se presentan juntos? ¿Cuál es la mejor manera de evaluar o medir la personalidad?

Psicología clínica y consejería Cuando se le pide que describa a un “psicólogo”, mucha gente piensa en un terapeuta que ve a pacientes (o “clientes”) en su consultorio, una clínica o un hospital. Esta idea popular es en parte correcta. Casi la mitad de todos los psicólogos se especializa en psicología clínica o consejería. Los psicólogos clínicos se interesan fundamentalmente en el diagnóstico, causa y tratamiento de los trastornos psicológicos. Los psicólogos consejeros se interesan principalmente en los problemas “normales” de ajuste que la mayoría de nosotros enfrenta en algún momento, como la elección de una carrera o los problemas conyugales. Los psicólogos clínicos y los consejeros a menudo dividen su tiempo entre atender a pacientes y realizar investigación sobre las causas de los trastornos psicológicos y la efectividad de diferentes tipos de psicoterapia y consejería.

Psicología social Los psicólogos sociales estudian la forma en que la gente se influye entre sí. Exploran temas como las primeras impresiones y la atracción interpersonal; la manera en que se forman, mantienen o cambian las actitudes; el prejuicio y la persuasión; la conformidad y la obediencia a la autoridad; y si la gente se comporta de manera diferente cuando forma parte de un grupo o una muchedumbre a lo que hace cuando está sola. Aunque la mayoría de los psicólogos sociales se dedican a la investigación y la teoría, y no a la práctica, este subcampo ha dado lugar a numerosas aplicaciones prácticas (Hunt, 1994). Los principios de la psicología social se encuentran en los grupos de apoyo para quienes abusan de substancias tóxicas, los pacientes de cáncer, los jugadores compulsivos y otras personas en crisis; en el tratamiento de conflictos familiares mediante la terapia familiar (en lugar de individual); en el entrenamiento de la sensibilidad dirigido, por ejemplo, a la reducción del acoso sexual o a combatir el prejuicio racial y étnico; en el uso en las aulas de métodos cooperativos en lugar de los competitivos; y en programas para dar más control y capacidad para tomar decisiones a los pacientes hospitalarios y a los residentes de asilos de ancianos.

Psicología industrial y organizacional (I/O) Los psicólogos industriales y organizacionales (I/O) se interesan en problemas prácticos como la selección y capacitación de personal, el mejoramiento de la productividad y las condiciones de trabajo, y el impacto de las computadoras y la automatización en los trabajadores. ¿Es posible determinar de antemano quién será un vendedor o piloto aéreo efectivo y quién no lo será? ¿Tienden las organizaciones a operar de manera diferente bajo liderazgo femenino o masculino? La investigación muestra que los grupos de trabajo con alta moral suelen ser más productivos que los grupos con baja moral; ¿existen estrategias específicas que puedan usar los gerentes para mejorar la moral del grupo?

Ésta es sólo una muestra de lo que le interesa a los psicólogos. Siguen surgiendo nuevas especialidades, como la psicología de la rehabilitación (el estudio y aplicación de los principios psicosociales en favor de las personas con discapacidades); la psicología del deporte (que se encarga de estudiar los factores psicológicos que mejoran el desempeño atlético, así como los efectos del ejercicio en el ajuste psicológico y el bienestar general); la psicología forense (que incluye trabajo clínico en instalaciones correccionales, de asesoría para abogados litigantes, servir como testigo experto en los juicios legales y formular política pública sobre la psicología y la ley); la psicología ambiental (la investigación de cómo los entornos naturales, construidos, y sociales influyen en el pensamiento y la conducta de la gente); la psicología comunitaria (dedicada a la teoría, investigación y acción social a nivel del vecindario); y la psicología de la paz (el estudio de las causas y consecuencias de los conflictos de grupo, las estrategias para anticipar y evitar confrontaciones violentas y de los métodos para ayudar a las víctimas a reconstruir sus vidas después de los conflictos).

La psicología como ciencia

Anteriormente definimos a la psicología como la ciencia de la conducta y los procesos mentales. La palabra clave en esta definición es ciencia. Los psicólogos confían en el método científico cuando tratan de responder preguntas. Obtienen datos a partir de la observación cuidadosa y sistemática; desarrollan teorías que intentan explicar lo que han observado; hacen nuevas predicciones basadas en esas teorías y luego prueban sis- temáticamente tales predicciones a través de observaciones adicionales y experimentos para determinar si son correctas. De esta forma, al igual que todos los científicos, los psicólogos usan el método científico para describirentenderpredecir y, a la larga, obte- ner cierto grado de control sobre lo que estudian. (El método científico no sólo es para científicos; vea Aplicación de la psicología; Pensamiento crítico: Un beneficio adicional de estudiar psicología.)

Por ejemplo, considere el tema de los varones, las mujeres y la agresión. Muchas personas creen que los varones son naturalmente más agresivos que las mujeres. Otras afirman que los niños aprenden a ser agresivos porque nuestra sociedad y cultura los alienta y de hecho les exige a ser combativos e incluso violentos. ¿Cómo aborda- rían los psicólogos este tema? En primer lugar, tratarían de averiguar si los hombres y las mujeres en realidad difieren en la conducta agresiva. Varias investigaciones han abordado esta cuestión y la evidencia parece concluyente: los varones son más agresivos que las mujeres, sobre todo cuando hablamos de agresión física (Knight, Fabes y Hig- gins, 1996; Wright, 1994). Es posible que las niñas y las mujeres hagan comentarios desagradables o griten, pero es mucho más probable que los niños y los hombres pe- leen. Luego de establecer que existen diferencias sexuales en la agresión física y de haber descrito esas diferencias, el siguiente paso es explicarlas. Varias explicaciones son posi- bles. Los psicofisiólogos probablemente atribuirían esas diferencias a la genética o la química corporal; los psicólogos del desarrollo pueden considerar las formas en que se enseña a un niño a comportarse “como un varón” o “como una niña”; y los psicólogos sociales pueden explicar las diferencias en términos de normas culturales, las cuales requieren que los varones “se defiendan solos” y enseñan que la agresión física no es “femenina”.

Cada una de esas explicaciones se presenta como una teoría acerca de las causas de las diferencias sexuales en la agresión; cada una intenta extraer unos cuantos principios a partir de un gran número de hechos. Y cada teoría nos permite generar nuevas hipótesis, o predicciones, acerca del fenómeno en cuestión. Si las diferencias de género en la agresión se deben a que los hombres tienen niveles más altos de testosterona que las mujeres, entonces podríamos predecir que los hombres extremadamente violentos de- ben tener niveles más altos de testosterona que los hombres que por lo general no son violentos. Si las diferencias sexuales en la agresión surgen de la educación temprana, entonces podríamos predecir que deben existir menos diferencias sexuales en la agre- sión en las familias donde los padres no enfatizan las diferencias de género. Por último, si las diferencias sexuales en la agresión reflejan normas culturales, entonces podríamos predecir que las diferencias deberían ser pequeñas en las sociedades que no prohíben que las niñas y las mujeres peleen o en las que consideran que la agresión física es anormal e inadecuada para ambos sexos.

Cada una de esas predicciones o hipótesis pueden someterse a prueba a través de la investigación, y los resultados deberían indicar si una teoría es mejor que otra para ex- plicar los hechos conocidos y predecir nuevos hechos. Si la evidencia empírica apoya una o más de las teorías, debería ser posible controlar la conducta agresiva en un gra- do mayor de lo que era antes. Por ejemplo, si las normas culturales forman parte de la razón de las diferencias en la agresión, entonces esas diferencias deberían ser menores en situaciones en que los individuos no sientan que están siendo evaluados en térmi- nos de su masculinidad o feminidad. Un equipo de investigación probó esta hipótesis con un juego de guerra en una computadora (Lightdale y Prentice, 1994). Cuando el investigador presentaba a los participantes de tal forma que era evidente quién era hombre o mujer, las mujeres jugaban de manera menos agresiva que los hombres; sin embargo, cuando se decía que los participantes eran anónimos tanto para los investi- gadores como para los otros contrincantes, las mujeres jugaban de manera tan agresiva como los hombres.

La revolución cognoscitiva

Psicología de la Gestalt

Escuela de psicología que estudia cómo es que la gente percibe y experimenta los objetos como patrones totales.

Psicología humanista

Escuela de psicología que enfatiza
la experiencia no verbal y los estados alterados de conciencia como un medio de realizar todo el potencial humano.

En la década de 1960, el conductismo comenzó a perder su fuerza en el campo. Por un lado, la investigación sobre la percepción, la personalidad, el desarrollo infantil, las relaciones interpersonales y otros temas que los conductistas habían ignorado, generaron preguntas que ellos no podían explicar con facilidad. Por otro lado, la investigación en otros campos (en especial la antropología, la lingüística, la neurobiología y la ciencia de la computación) empezaba a arrojar nueva luz sobre los trabajos de la mente. Los psicólogos llegaron a considerar al conductismo no como una teoría o paradigma que todo lo abarcaba, sino tan sólo como una pieza del rompecabezas (Robins et al., 1999). Empezaron a mirar dentro de la caja negra y a poner más énfasis en los humanos (y también en los animales) como seres “sensibles” (conscientes, perceptivos y alertas); como aprendices activos en lugar de receptores pasivos de las lecciones de la vida.

Los precursores: la Gestalt y la psicología humanista No todos los psicólogos habían aceptado las doctrinas conductistas. La psicología de la Gestalt y la psicología humanista fueron dos escuelas que prepararon el camino para la revolución cognoscitiva.

Durante el periodo en que el conductismo ocupó la supremacía en la psicología estadounidense, un grupo de psicólogos en Alemania atacaba al estructuralismo desde otra dirección. Max Wertheimer, Wolfgang Köhler y Kurt Koffka estaban interesados en la percepción, pero particularmente en ciertos trucos que nos juega la mente. Por ejemplo, ¿por qué percibimos movimiento cuando nos proyectan una serie de fotogra- fías inmóviles a una velocidad constante (por ejemplo, en las películas o los anuncios “móviles” de neón)?

Fenómenos como éstos dieron inicio a una nueva escuela de pensamiento, la psicología de la Gestalt. Traducido aproximadamente del alemán, Gestalt significa “todo” o “forma”. Cuando se aplica a la percepción se refiere a nuestra tendencia a ver patrones, a distinguir un objeto de su fondo y a completar una imagen a partir de unas cuantas señales. Al igual que William James, los psicólogos de la Gestalt rechazaban el intento de descomponer la percepción y el pensamiento en sus elementos. Cuando miramos un árbol vemos justamente eso, un árbol, no una serie de hojas y ramas aisladas. La psicología de la Gestalt estableció la base para el estudio moderno de la sensa- ción y percepción (vea el capítulo 3) y contribuyó a revivir el interés en los procesos mentales (o cognoscitivos).

Durante el mismo periodo, el psicólogo estadounidense Abraham Maslow, quien estu- dió con el psicólogo de la Gestalt Max Wertheimer y la antropóloga Ruth Benedict, desarrolló una aproximación más holista a la psicología, en la cual los sentimientos y los anhelos desempeñaban un papel clave. Maslow se refirió a la psicología humanista como la “tercera fuerza”, más allá de la teoría freudiana y el conductismo. Los psicólogos humanistas enfatizan el potencial humano y la importancia del amor, la pertenencia, la autoestima, la autoexpresión, las experiencias cumbre (cuando uno se involucra a tanto en una actividad que se desvanece la autoconciencia) y la autorrealización (la espontaneidad y creatividad que resultan de concentrarse en problemas fuera de uno mismo y en mirar más allá de los límites de las convenciones sociales). Se concentran en la salud mental y el bienestar, en la comprensión y el mejoramiento de uno mismo más que en las enfermedades mentales.

La psicología humanista ha hecho contribuciones importantes al estudio de la motivación y las emociones (vea el capítulo 8), así como a los subcampos de la personalidad y la psicoterapia (capítulo 10). Pero nunca ha sido totalmente aceptada por la psicología dominante. En tanto que la psicología humanista se interesa en cuestiones de significado, valores y ética, mucha gente (incluidos sus propios miembros), ve a esta escuela de la psicología más como un movimiento cultural y espiritual que como una rama de la ciencia (Rabasca, 2000a). Sin embargo, en los años recientes, los psicólogos positivos (presentados más adelante) empezaron a revisar algunas de las preguntas que los psicólogos humanistas plantearon hace medio siglo (Bohart y Greening, 2001).

El auge de la psicología cognoscitiva En la década de 1960, los psicólogos comenzaron a cerrar el círculo. El campo regresó de un periodo en el cual se consideraba que la conciencia era inaccesible a la indagación científica, y los psicólogos empezaron a investigar y a teorizar acerca de la mente, pero ahora con nuevos métodos de investigación y con el compromiso del conductismo con la investigación empírica objetiva. Incluso la definición de la psicología cambió. La psicología sigue siendo el estudio de la conducta humana, pero el concepto que tienen los psicólogos de “conducta” se ha ampliado para incluir pensamientos, sentimientos y estados de conciencia.

La frase revolución cognoscitiva se refiere a un cambio del enfoque limitado en la conducta hacia un interés más amplio en los procesos mentales. Este nuevo enfoque abarca los campos existentes y los nuevos subcampos de la psicología. Por ejemplo, en la psicología del desarrollo, la idea de que el niño es una pizarra en blanco cuyo desarrollo es moldeado por completo por su ambiente se reemplazó por la nueva concepción de los bebés y los niños como seres conscientes, competentes y sociales. Desde esta nueva perspectiva, los niños buscan activamente aprender acerca de su mundo y darle sentido. Más aún, todos los niños saludables están “equipados” con características tan distintivamente humanas como la habilidad para adquirir el lenguaje, sin educación formal, a través de la exposición. La psicología del desarrollo es sólo un subcampo que ha contribuido y se ha beneficiado del surgimiento de la psicología cognoscitiva.

La psicología cognoscitiva es el estudio de nuestros procesos mentales en el sentido más amplio: pensamiento, sentimiento, aprendizaje, recuerdo, toma de decisiones y juicios, entre otros. Si el modelo conductista del aprendizaje se parecía a un anticuado conmutador telefónico (una llamada o estímulo entra, se transmite a través de varios circuitos en el cerebro, y una contestación o respuesta sale), el modelo cognoscitivo se parece a una moderna computadora de gran potencia. Los psicólogos cognoscitivos están interesados en las maneras en que la gente “procesa la información”, es decir, cómo adquirimos la información, cómo procesamos o transformamos unidades infor- mativas en programas y cómo empleamos esos programas para resolver problemas.

En contraste con el conductismo, los psicólogos cognoscitivos creen que los procesos mentales pueden y deben estudiarse científicamente. Aunque no podemos observar directamente los recuerdos o los pensamientos, sí podemos observar la conducta y hacer inferencias acerca de las clases de procesos cognoscitivos subyacentes. Por ejemplo, podemos leer a la gente un largo relato y luego observar qué cosas recuerda de ese relato, las formas en que sus recuerdos cambian con el tiempo y los tipos de errores en el recuerdo que son proclives a cometer. Con base en la investigación sistemática de este tipo, podemos obtener información sobre los procesos cognoscitivos que hay detrás de la memoria humana. Además, con el advenimiento de las nuevas técnicas de imagenología cerebral (analizadas en el capítulo 2), los psicólogos cognoscitivos han comenzado a abordar preguntas acerca de los mecanismos neurológicos que yacen bajo procesos cognoscitivos como el aprendizaje, la memoria, la inteligencia y la emoción, dando lugar al campo en rápida expansión de la neurociencia cognoscitiva (D’Esposito, Zarahn y Aguirre, 1999; Schacter, 1999).

En un corto tiempo, la psicología cognoscitiva ha tenido un enorme impacto en casi todas las áreas de la psicología (Sperry, 1988, 1995) y se ha convertido en la escuela más destacada de la psicología científica contemporánea (Johnson y Erneling, 1997; Robins et al., 1999).

Nuevas direcciones

Durante buena parte del siglo XX, la psicología estuvo dividida en escuelas teóricas en competencia. Cruzar las líneas teóricas se consideraba una herejía intelectual. En la actualidad, los psicólogos son más flexibles al considerar los méritos de los nuevos enfoques, combinar elementos de diferentes perspectivas según lo demanden sus intereses o hallazgos de investigación; además, están surgiendo nuevas teorías e iniciativas.

Psicología cognoscitiva

Escuela de psicología dedicada al estudio de los procesos mentales en el sentido más amplio.

Psicología evolutiva Como su nombre lo indica, la psicología evolutiva se concentra en los orígenes evolutivos de los patrones conductuales y los procesos mentales, y en explorar qué valor adaptativo tienen o tuvieron éstos y qué funciones cumplen o cumplieron en nuestro surgimiento como una especie distintiva (DeKay y Buss, 1992; Wright, 1994). Todas las concepciones teóricas que hemos analizado hasta ahora pretenden explicar al ser humano moderno u Homo sapiens. En contraste, los psicólogos evolutivos se preguntan “¿Cómo llegaron los humanos a ser como son en la actualidad?” Estudian temas tan diversos como la percepción, el lenguaje, la ayuda a los demás (altruismo), la paternidad, la felicidad, la atracción sexual y la selección de pareja, los celos y la violencia (Bernhard y Penton-Voak, 2002; Buss, 2000a; Buss y Shackelford, 1997; Caporael, 2001). Al estudiar dichos fenómenos en especies, hábitats, momentos y culturas diferentes, así como en hombres y mujeres, los psicólogos evolutivos tratan de entender los programas básicos que guían el pensamiento y la conducta (Archer, 1996; Buss y Malamuth, 1996; Byrne, 2002; DeKay y Buss, 1992; Scarr, 1993).

Los psicólogos cognoscitivos tienden a ver a la mente humana como una computadora con “propósito general” que requiere de un software (experiencia) para procesar la información. En contraste, muchos psicólogos evolutivos consideran que la mente está “integrada” de tal forma que los seres huma- nos están predispuestos a pensar y actuar de ciertas maneras (Cosmides, Tooby y Barkow, 1992; Goode, 2000b; Siegert y Ward, 2002). Además, afirman que esos programas fijos evolucionaron hace cientos de miles de años cuando nuestros ancestros vivían como cazadores y recolectores, y que las estrategias de solución de problemas que beneficiaron a los primeros seres humanos pueden ser o no adaptativas en la era moderna.

Psicología positiva Otra perspectiva emergente es la psicología positiva, que sostiene la idea de que la psicología debería dedicar más atención a “la buena vida”, o al estudio de los sentimientos subjetivos de felicidad y bienestar; al desarrollo de rasgos individuales como la intimidad, la integridad, el liderazgo, el altruismo y la sabiduría; y a los tipos de familias, escenarios laborales y comunidades que favorecen el florecimiento de los individuos (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000).

Los psicólogos positivos argumentan que los psicólogos han aprendido mucho acerca de los orígenes, diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mentales, pero relativamente poco acerca de los orígenes y fomento del bienestar mental. Hemos llegado a entender mucho acerca de cómo es que los individuos sobreviven y resisten bajo condiciones de extrema adversidad, pero mucho menos acerca de las fortalezas y virtudes humanas ordinarias (Sheldon y King, 2001). Sabemos más acerca de la inteligencia que sobre la sabiduría; más acerca de la conformidad que de la originalidad; y más acerca del estrés que de la tranquilidad. Por ejemplo, se han hecho muchos estudios en torno al prejuicio y la hostilidad entre grupos, pero muy pocos sobre la tolerancia y la armonía intergrupales. En las décadas recientes, los psicólogos han hecho progresos significativos en la comprensión de la neurología de la depresión, la esquizofrenia y otros trastornos.

Los positivistas actuales no argumentan que los psicólogos deban abandonar su papel como científicos de la curación. Por el contrario, apoyan los esfuerzos por promo-

Enfoque y subcampo de la psicología que se

interesa en los orígenes evolutivos de la conducta y los procesos mentales, su valor adaptativo y los propósitos que siguen cumpliendo.

Métodos de investigación en psicología

¿Cómo diseñan los psicólogos los experimentos?

Todas las ciencias (la psicología, la sociología, la economía, la ciencia política, la biología y la física) requieren evidencia empírica basada en la observación cuidadosa y la experimentación. Para recolectar datos de manera sistemática y objetiva, los psicólogos utilizan una variedad de métodos de investigación, como la observación natural, los estudios de caso, las encuestas, la investigación correlacional y la investigación experimental. Cada una de esas estrategias de investigación posee ventajas y desventajas en comparación con las otras.

Observación natural

Los psicólogos se valen de la observación natural para estudiar la conducta humana o animal en su contexto natural. Un psicólogo con esta orientación hacia la vida real puede observar la conducta en una escuela o una fábrica; otro quizá se una de hecho a una familia para estudiar la conducta de sus miembros; otro observará a los monos en su hábitat natural en lugar de hacerlo en jaulas. La ventaja principal de la observación natural es que es probable que la conducta observada en la vida cotidiana sea más na- tural, espontánea y variada que la que se observa en un laboratorio.

Por ejemplo, la observación natural se empleó en un estudio reciente (Hammen, Gitlin y Altshuler, 2000) diseñado para entender por qué algunos pacientes con un trastorno bipolar tienen mayor probabilidad que otros de ajustarse con éxito al lugar de trabajo. Después de estudiar cuidadosamente a 52 personas durante un periodo de dos años en sus escenarios naturales, los autores encontraron que las personas que mostraban el ajuste más exitoso al trabajo eran las que también recibían fuerte apoyo en sus relaciones personales con otra gente. Sorprendentemente, los eventos estresantes de la vida no parecieron desempeñar un papel importante en qué tan bien se ajustaba esa gente al trabajo. Puesto que la simulación en un laboratorio de un genuino ambiente laboral habría sido extremadamente difícil (en especial a lo largo de un periodo prolon- gado), la observación natural representó una alternativa práctica para la exploración de este tema.

La observación natural no está exenta de inconvenientes. Los psicólogos que emplean la observación natural tienen que tomar la conducta como se presenta. No pueden gritar de repente “¡Alto!” cuando desean estudiar con más detalle lo que está sucediendo. Tampoco pueden decirle a la gente que deje de hacer lo que está haciendo porque no les interesa investigarlo. Más aún, la simple descripción de las impresiones de “un día en la vida” de un grupo particular o de cómo se comportan diferentes personas en el mismo escenario no es ciencia. Los observadores deben medir la conducta de manera sistemática, por ejemplo, elaborando una forma que les permita revisar qué está haciendo la gente a intervalos cronometrados.

La principal desventaja de la observación natural es el sesgo del observador. Como se verá en el capítulo 5 (Memoria), los testimonios oculares de un delito a menudo son fuentes de información muy poco confiables. Incluso los psicólogos que son observadores entrenados pueden distorsionar sutilmente lo que ven para conformarlo a lo que esperan ver. Por esta razón, los investigadores contemporáneos con frecuencia usan cintas de video que pueden analizar y calificar otros investigadores que desconocen lo que pretende averiguar el estudio. Otro problema potencial es que los psicólogos pueden no observar o registrar la conducta que parece irrelevante. En consecuencia, muchos estudios observacionales emplean un equipo de observadores entrenados que reúnen sus notas. Esta estrategia a menudo genera una imagen más completa de la que podría obtener un observador por sí solo.

A diferencia de los experimentos de laboratorio que son susceptibles de repetirse varias veces, cada situación natural ocurre una sola vez. Por esa razón, los psicólogos prefieren no hacer afirmaciones generales basadas únicamente en información de estudios con observación natural. En lugar de ello, prueban la información obtenida de la observación natural en condiciones controladas en el laboratorio antes de aplicarla a situaciones distintas a la original.

A pesar de esas desventajas, la observación natural es una herramienta valiosa. Des- pués de todo, la psicología trata de la conducta en la vida real. La observación natural a menudo proporciona nuevas ideas y sugiere nuevas teorías, las cuales pueden luego estudiarse en el laboratorio de manera más sistemática y detallada. Este método también ayuda a los investigadores a recordar que el mundo es más grande que el que existe en el laboratorio.

Estudios de caso

Un segundo método de investigación es el estudio de caso: una descripción detallada de uno (o unos cuantos) individuos. Aunque en algunas maneras es similar a la observación natural, el investigador emplea una variedad de métodos para recoger información que arroje un retrato detallado y a profundidad del individuo. Un estudio de caso por lo regular incluye observación de la vida real, entrevistas, calificaciones en varias pruebas psicológicas y cualquier otra medida que el investigador considere reveladora. Por ejemplo, el psicólogo suizo Jean Piaget desarrolló una teoría de gran alcance sobre el desarrollo cognoscitivo estudiando con cuidado a cada uno de sus tres hijos conforme crecían y cambiaban durante la niñez. Otros investigadores han probado su teoría con experimentos que incluyen una mayor cantidad de niños en varias culturas.

Al igual que la observación natural, los estudios de caso pueden proporcionar infor- mación valiosa, pero también tienen desventajas importantes. El sesgo del observador es un problema aquí tanto como en la observación natural. Más aún, ya que cada per- sona es única, no podemos extraer con confianza conclusiones generales a partir de un solo caso. No obstante, los estudios de caso figuran de manera destacada en la investi- gación psicológica. Por ejemplo, el famoso caso de Phineas Gage, quien sufrió un daño cerebral severo e inusual, llevó a los investigadores a identificar la importancia de la parte frontal del cerebro para el control de las emociones y la capacidad para planear y realizar tareas complejas. El estudio de caso de otro paciente con daño cerebral (Milner, 1959), llamado “H. M.”, quien podía recordar acontecimientos que precedían a su lesión, pero nada de lo que había sucedido después, llevó a los psicólogos a sugerir que tenemos varios tipos distintos de memoria.

Encuestas

En algunos aspectos, las encuestas encaran las desventajas de la observación natural y los estudios de caso. En la investigación por encuestas se plantea una serie de preguntas predeterminadas en entrevistas personales o en cuestionarios a un grupo de personas seleccionadas cuidadosamente. Quizá las más familiares sean las encuestas realizadas antes de las elecciones importantes. Durante meses, incluso un año, antes de la elección somos bombardeados con estimaciones del porcentaje de gente que probablemente vote por ca- da candidato. Pero las encuestas se emplean también para otros propósitos. Por ejemplo, una encuesta encontró que el 61 por ciento de los adultos interrogados por teléfono creían que los publicistas incluían mensajes subliminales en sus anuncios, y el 56 por ciento estaban convencidos de que dichos mensajes hacían que la gente comprara cosas que no deseaba (Lev, 1991). (No existe evidencia científica que apoye esas creencias.) De acuerdo con una encuesta realizada en 1995 por el Departamento de Defensa de Estados Unidos entre 28,000 personas en servicio activo, el 78 por ciento de las mujeres y el 38 por cien- to de los hombres informaron de uno o más incidentes de acoso sexual (Hay y Ellig, 1999). Esta encuesta (al igual que otras realizadas más recientemente) indica que el acoso sexual ocurre con mucha frecuencia en diversos escenarios, y que a menudo afecta tanto a hombres como a mujeres (Larimer, Lydum, Anderson y Turner, 1999).

Las encuestas, incluso aquellas con una tasa baja de respuesta, pueden generar una gran cantidad de información interesante y útil a un costo relativamente bajo, pero para ser precisas, las preguntas de la encuesta han de ser claras y sin ambigüedad, la gente encuestada debe seleccionarse con mucho cuidado (vea la técnica del muestreo más adelante) y estar motivada para responder a la encuesta de manera reflexiva y cuidadosa (Krosnick, 1999). Por ejemplo, preguntar a los padres “¿Alguna vez ha usado el castigo físico para disciplinar a sus hijos?”, puede inducir la respuesta socialmente correcta, “No”. Preguntar “¿Cuándo fue la última vez que le dio una zurra a su hijo?”, o “¿En qué situaciones cree que es necesario golpear a su hijo?”, tiene mayor probabilidad de generar respuestas honestas porque las preguntas son específicas e implican que la mayoría de los padres utilizan el castigo físico; el investigador simplemente pregunta cuándo y por qué. Al mismo tiempo, los investigadores por encuestas deben tener cuidado de no hacer preguntas directivas, como “La mayoría de los estadounidenses aprueba el castigo físico; ¿lo aprueba usted?”, También es importante garantizar el anonimato de los participantes en una encuesta.

Las observaciones naturales, los estudios de caso y las encuestas proporcionan un ri- co conjunto de datos crudos que describen conductas, creencias, opiniones y actitudes. Pero estos métodos de investigación no son ideales para hacer predicciones, explicar o determinar las causas de la conducta. Para tales propósitos, los psicólogos emplean métodos más poderosos de investigación, como se verá en las siguientes dos secciones.

Investigación correlacional

A un psicólogo contratado por la Fuerza Aérea se le pide que prediga qué aspirantes a ingresar a un programa de entrenamiento se convertirán en buenos pilotos. Una aproximación excelente a este problema sería la investigación correlacional. El psicólogo puede seleccionar varios cientos de reclutas, aplicarles una variedad de pruebas de aptitud y de personalidad y luego comparar los resultados con su desempeño en la escuela de entrenamiento. Este enfoque le diría si algunas características o conjunto de características tienen una estrecha relación o correlación con el eventual éxito como piloto.

Suponga que encuentra que los reclutas más exitosos califican más alto que los reclutas no exitosos en las pruebas de aptitud mecánica y que también son gente cautelosa a la que no le gusta correr riesgos innecesarios. El psicólogo ha descubierto que existe una correlación, o relación, entre esos rasgos y el éxito como piloto entrenado: las puntuaciones altas en las pruebas de aptitud mecánica y la cautela predicen el éxito como piloto entrenado. Si esas correlaciones se confirman en nuevos grupos de reclutas, entonces el psicólogo podría recomendar con cierta confianza que la Fuerza Aérea considere el uso de esas pruebas para seleccionar a sus futuros reclutas.

Los datos correlacionales son útiles para muchos propósitos, pero no permiten al investigador identificar causa y efecto. Esta importante distinción a menudo se pasa por alto. Correlación significa que dos fenómenos parecen estar relacionados: cuando uno aumenta el otro aumenta (o disminuye). Por ejemplo, los jóvenes con puntuaciones ele- vadas de CI por lo regular obtienen mayores calificaciones en la escuela que los estudiantes con puntuaciones promedio o inferiores al promedio. Esta correlación permite a los investigadores predecir que los niños con puntuaciones elevadas de CI tendrán un buen desempeño en los exámenes y otros trabajos escolares. Pero la correlación no identifica la dirección de la influencia. Un CI elevado puede causar o permitir que un niño sea un buen estudiante. Pero lo contrario también podría ser cierto: trabajar duro en la escuela puede ocasionar que los niños califiquen alto en las pruebas de CI. O tal vez intervenga un tercer factor no identificado. Por ejemplo, crecer en una familia de clase media que da gran valor a la educación puede causar tanto las puntuaciones eleva- das de CI como las altas calificaciones escolares. Así sucede con nuestro ejemplo. Este psicólogo ha descrito una relación entre la habilidad como piloto y otras dos características, y como resultado puede usar esas relaciones para predecir con cierta precisión qué reclutas se convertirán o no en pilotos diestros. Pero no tiene bases para extraer conclusiones acerca de la causalidad. ¿La tendencia a rehuir los riesgos hace del recluta un buen piloto? ¿O más bien sucede a la inversa: aprender a ser un piloto diestro hace a la gente cautelosa? ¿O existe algún factor desconocido que hace que la gente sea cautelosa y capaz de ad- quirir las diferentes habilidades necesarias en la cabina de vuelo?

A pesar de sus limitaciones, la investiga- ción correlacional a menudo arroja luz sobre importantes fenómenos psicológicos. En este libro se encontrará con muchos ejemplos de investigación correlacional.

La gente que experimenta estrés severo está más propensa a desarrollar enfermedades físicas que la gente que no lo sufre; los niños cuyos padres sufren esquizofrenia tienen mayor probabilidad de desarrollar ese trastorno que otros niños; y cuando alguien necesita ayuda, entre más transeúntes haya menos probable es que alguno de ellos ofrezca ayuda. Esos interesantes hallazgos nos permiten hacer algunas predicciones, pero los psicólogos desean ir más allá de las simples predicciones. Para explicar las causas de los fenómenos psicológicos, los especialistas recurren con frecuencia a la investigación experimental.

Investigación experimental

Una profesora de psicología advierte que los lunes por la mañana la mayoría de sus alumnos no recuerdan el material tan bien como lo hacen el resto de la semana. Ha descubierto una correlación entre el día de la semana y la memoria para el material re- lacionado con el curso. Con base en esta correlación podría predecir que el siguiente lunes y todos los demás lunes sus alumnos no aprenderán tan bien como en otros días. Pero ella quiere ir más allá de predecir simplemente la conducta de sus alumnos; quie- re entender o explicar por qué su recuerdo es más malo los lunes que los otros días de la semana.

Con base en sus experiencias y en algunas entrevistas informales con sus alumnos, sospecha que los fines de semana se desvelan hasta muy tarde y que su dificultad para recordar hechos e ideas presentados los lunes se debe a que se desvelaron. Esta hipótesis parece tener sentido, pero la psicóloga quiere probar que es correcta. Para obtener evidencia de que el no dormir lo suficiente en realidad ocasiona déficit de memoria, recurre al método experimental.

Su primer paso es seleccionar a los participantes, gente a la que puede observar para averiguar si su hipótesis es correcta. Decide ocupar estudiantes voluntarios. Para evitar que en los resultados influyan las diferencias sexuales o los niveles de inteligen- cia, elige un grupo compuesto por igual número de hombres y mujeres que obtuvie- ron puntuaciones entre 520 y 550 en la parte verbal del examen de admisión.

A continuación diseña una tarea de memoria. Necesita algo que ninguno de sus participantes conozca de antemano. Por ejemplo, si elige un capítulo de un libro de historia corre el riesgo de que algunos de los participantes sean aficionados a la mate- ria. Después de analizar varias posibilidades, la psicóloga decide imprimir en una pági- na diversas formas geométricas, cada una etiquetada con una palabra sin sentido. A los círculos les llama “glucks”, a los triángulos “rogs” y así sucesivamente. Da a los estu- diantes media hora para aprender los nombres de esta página, luego la retira y les pide asignar las mismas etiquetas a formas geométricas en una nueva página.

La psicóloga también necesita saber quiénes de los participantes están privados de sueño. El simple hecho de preguntarles si han dormido bien no es ideal: algunos tal vez digan que “no” para tener una excusa por si obtienen malos resultados en la prueba, otros dirán que “sí” porque no quieren que la psicóloga piense que son inestables y no pueden dormir. Y dos personas que digan “dormí bien” quizá no quieran decir lo mis- mo con su respuesta. De modo que la psicóloga decide intervenir, es decir, ejercer un control mayor de la situación. Decide que todos los participantes en el experimento pasarán la noche en el mismo dormitorio. Se les mantendrá despiertos hasta las 4:00 de la mañana y luego se les despertará a las 7:00 de la mañana en punto. Ella y sus co- legas patrullarán los corredores para asegurarse de que nadie se quede dormido antes de lo programado. Al manipular la cantidad de tiempo que duermen los participantes, la psicóloga está introduciendo y controlando un elemento esencial del método experi- mental: una variable independiente. La psicóloga cree que la habilidad de los estudiantes para aprender y recordar las etiquetas de las formas geométricas dependerá de que hayan pasado una buena noche de sueño. El desempeño en la tarea de memoria (el número de respuestas correctas) se convierte así en la variable dependiente. De acuerdo con la hipótesis, los cambios en la variable independiente (la cantidad de sueño) también deben cambiar la variable dependiente (el desempeño en la tarea de memoria). Su predicción es que este grupo de participantes, que sólo durmieron tres horas, tendrá un desempeño muy pobre en la prueba de memoria.

Ahora, la experimentadora comienza a buscar lagunas en su diseño experimental. ¿Cómo puede estar segura de que los malos resultados en la prueba significan que los participantes obtuvieron calificaciones más bajas que las que habrían obtenido si hubieran dormido más? Por ejemplo, su mal desempeño podría ser simplemente el resultado de saber que eran observados de cerca. Para asegurarse de que su experimento mide únicamente los efectos de la falta de sueño, la experimentadora crea dos grupos que contienen el mismo número de hombres y de mujeres, de las mismas edades y con las mismas calificaciones en el examen de admisión. A uno de los grupos, el grupo experimental, se le mantendrá despierto, como se describió, hasta las 4:00 de la mañana; es decir, será sometido a la manipulación de la experimentadora de la variable independiente, la cantidad de sueño. A los integrantes del otro grupo, el grupo control, se les permitirá ir a dormir cuando lo deseen. Si la única diferencia consistente entre los dos grupos es la cantidad de tiempo que duermen, la experimentadora tendrá mucha mayor confianza en que si los grupos difieren en su desempeño en la prueba, la diferencia se debe a la cantidad de tiempo que durmieron la noche anterior.

Por último, la psicóloga cuestiona su propia objetividad. Puesto que cree que la falta de sueño inhibe el aprendizaje y la memoria de los estudiantes, no quiere prejuiciar los resultados de su experimento; es decir, desea evitar el sesgo del experimentador. Así que decide pedir a una persona neutral, alguien que no sepa qué participantes dur- mieron o no toda la noche, que califique la prueba.

El método experimental es una herramienta poderosa, pero también tiene limitaciones. En primer lugar, muchas variables psicológicas interesantes, como el amor, el odio o el sufrimiento, no se prestan con facilidad a la manipulación experimental. E incluso si fuera posible inducir esas emociones tan intensas como parte de un experimento psicológico, esto suscitaría graves problemas éticos. En algunos casos, los psicólogos pueden usar animales en lugar de seres humanos para los experimentos. Pero algunos temas, como el surgimiento del lenguaje en los niños o la expresión de las emociones, no pueden estudiarse en otras especies. En segundo lugar, como los experimentos se realizan en escenarios artificiales, los participantes (sean humanos o animales) pueden comportarse de manera diferente a como lo hacen en la vida real.

La tabla sinóptica expone las ventajas y desventajas más importantes de cada uno de los métodos de investigación que hemos analizado. Como cada método tiene inconvenientes, los psicólogos con frecuencia utilizan más de un método para estudiar un solo problema.

Investigación por métodos múltiples

Suponga que una psicóloga está interesada en estudiar la creatividad y empieza su investigación aplicando a un grupo de universitarios una prueba de creatividad que ella inventó para medir su capacidad de descubrir o producir algo nuevo. A continuación podría comparar las puntuaciones de los estudiantes con sus puntuaciones en pruebas de inteligencia y con sus calificaciones para ver si existe una correlación entre ellas. Luego podría pasar varias semanas observando una clase en la universidad y entrevistando a maestros, estudiantes y padres para correlacionar la conducta en el aula y las evaluaciones de los adultos con las puntuaciones de los estudiantes en la prueba de creatividad. Luego podría probar algunas de sus ideas en un experimento que incluya a un grupo de estudiantes como participantes. Por último, sus hallazgos podrían impulsarla a revi- sar la prueba o podrían dar a los profesores y padres nuevas ideas sobre un estudiante particular.

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